Hay una cucaracha que ya lleva tres días viviendo en mi baño. Está quietecita todo el día junto al lavabo. Nada más la veo mover tranquila las antenas. El primer día grité y salí corriendo del baño. Esperaba que solita decidiera irse y refugiarse en otra parte, quizá algo más obscura donde yo no la pueda ver. Pero ella parece estar muy cómoda con la situación. Me permite lavarme las manos y los dientes sin molestar. Apenas y se mueve. No corre. Se esconde detrás de un par de pomos viejos que yo no pienso mover, no mientras ella siga allí. Así las cosas, creo que empezaré a llamarle Gregorio. Tres días de cohabitar con un animal califican ya para ponerle un nombre y tratarle como mascota, ¿no? En el fondo sigo esperando que Gregorio decida irse y se de cuenta que no es humano, que de verdad amaneció siendo cucaracha porque es una cucaracha y que no tiene nada qué hacer en mi lavabo.
ENTRE FUEGOS DE ARTIFICIOS
Hace 10 horas

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